Cuando los sentimientos se desbordan y los aficionados sacan a un torero en hombros, porque previamente ha hecho algo excepcional, las puertas más grandes de una plaza de toros se tienen que abrir de par en par.
No valen reglamentos, ni normas, ni leyes, ni siquiera divagaciones de sentar precedentes, porque lo de ayer es difícil de que se vuelva a repetir.
Ayer con esa conducta tan absurda, no le robaron nada ni a Morante ni a los extasiados aficionados, porque ellos y el resto de la humanidad que lo pudo ver en directo por la televisión tenían claro que eso era histórico.
No pasa nada, en su conciencia irá toda la vida.
Ahora suponemos que sacarán pecho y dirán como oímos en la calle Circo por algún defensor de esa conducta tan pueril, que “le han echado muchos cojones y no lo han dejado de salir por la Puerta del Príncipe…, es que no había cortado las tres orejas reglamentarias…”.
Que ilusos, ¡cómo si a los sentimientos se les pudiera poner puertas!.
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