Y es verdad, qué sería del toreo, y de nosotros, sin este pedazo de artista. Dicen que la Edad de Oro fue la de José y Juan, o lo que es lo mismo, la de Gallito y Belmonte, y puede que sea cierto, aunque posiblemente si en esos años, entre el 1914 y el 1920, hubiera ya existido Morante, seguro que también los habría eclipsado.
Porque Morante es un compendio de todas las tauromaquias, las de antes y las de ahora. Morante es un estudioso de lo que se puede hacer delante de un toro. Y Morante esta tarde en la Real Maestranza ha dejado una lección, otra más, de lo que es el toreo eterno, el clásico, el verdadero.
Acartelarse con Morante en estas últimas temporadas tiene un peligro mayor que estar en la orilla del mar cuando viene un tsunami, porque Morante en Morante es imparable. Y lo mejor de todo es que nos ha tocado vivirlo.
Las tardes del año pasado en Sevilla, en Jerez, en El Puerto, en Madrid…, son tardes memorables, pero lo de hoy en el cuarto ha sido lo mejor que hasta la fecha haya hecho.
Morante recibió al de Álvaro Núñez apoyado en la barrera como el que espera a un amigo para darle un abrazo, pero el torito no quería muchos abrazos, posiblemente porque ni él mismo se esperaba todo lo que iba a hacer con él el de la Puebla del Río. Así que Morante no se descompuso, cuando venía lo saludaba con una larga y lo esperaba para cuando volviera soltarle otra. Así en varias ocasiones. Hasta que Morante dijo que ya estaba bien, que había que enseñarle modales y se los enseñó toreándolo a la verónica. Y le dejó un ramillete de lances, entre los que sobresalió uno excepcional. Y entonces el toro y el graderío se dispusieron a rendirse a los pies “del genio” y que fuera lo que Dios y él quisiera.

Por lo que en el tercio de varas, para dejarlo en suerte, continúo con el toreo a una mano y además se permitió un par de añejas tijerillas. Y tras esto llegó uno de los momentos más emocionantes de la tarde, el del tercio de banderillas y la silla. Morante cogió los palos, con el pasodoble Amparito Roca sonando, y clavó dos pares iniciales, el primero le cayó delantero, y el segundo de poder a poder fue un derroche de facultades. Pero quiso dar una vuelta de tuerca más, y pidió una silla a los ocupantes del palco de ganaderos. Y tranquilamente la abrió, se cruzó de piernas, abrió los brazos y citó al toro, que para esas alturas ya se comportaba como si a Morante lo conociera de toda la vida, y le clavó un par al quiebro de una ejecución magnífica, pero con la mala fortuna que cayó desigualado. Pero dio igual porque la plaza ya estaba inmersa en una locura colectiva.

Y sin abandonar la silla, cogió la muleta se volvió a sentar e inició la faena por ayudados por alto, cargando la suerte y terminando la serie con un pase de pecho que vuelve a levantar a la plaza. De ahí en adelante fue un compendio del toreo en redondo con las dos manos. Toreo del bueno, del caro, del que hasta ahora solo lo había interpretado el novillero Osornio, pero que en las manos de Morante alcanza un grado superlativo. Pocas veces se habrá toreado en una plaza de toros tan derecho, tan hundido, tan para adentro, tan templado y tan profundo como lo ha hecho hoy Morante. Eso posiblemente sea irrepetible, y si alguna vez lo volvemos a ver será de nuevo con Morante. Para esas alturas de la lidia, los protagonistas que no se conocían en el recibo capotero ya eran compadres, y si Morante le decía a Colchonero que por aquí, Colchonero iba por aquí, y si ahora decía que por allí, por allí que iba, pero todo arrebujado y despacio, muy despacio, tanto que los pases duraban una eternidad. Hubo un último natural que fue inmensamente lento. Una locura de faena y de nuevo una suerte vivir en la era morantista.

Pero todo no salió perfecto. En esta ocasión fallaron los aceros y perdió los máximos trofeos. Aunque a los aficionados no les importó y pidieron la oreja de forma mayoritaria que la presidenta no consideró oportuna darla. Ella sabrá los motivos, pero lo de los presidentes de la Maestranza este año es para hacérselo mirar y más si se tienen en cuenta las orejas regaladas en lo que va de feria. Pero es igual, a fin de cuentas como decía Curro Romero “las orejas son despojos” y lo que cuenta son las sensaciones vividas, y esas ahí se quedan para el resto de nuestras vidas.
Así que Morante se marcó dos vueltas al ruedo, más la que le dieron de despedida en hombros de sus seguidores, que estaban empeñados en sacarlo por la Puerta del Príncipe, y que una cuadrilla de policías impidieron sacarlo por allí, esgrimiendo que no era reglamentaria, como si los sentimientos se pudieran encorsetar en unas leyes hechas para el resto de los mortales, pero no para Morante…
Juan Ortega recibió a su primero a portagayola y luego manejó bien el capote a la verónica. Dejando una faena de muleta con intermitencias, pero con buenos pasajes por el pitón derecho. Al natural sufrió una colada y desistió de volver a intentarlo. Perdió la oreja por írsele la espada a los bajos. Y en el quinto, entre el descastamiento del toro y el venir precedido del triunfo de Morante, pasó sin pena ni gloria. También destacar el quite que le hizo por verónicas en su turno al primero de Morante.
Víctor Hernández debutó en la Maestranza como matador de toros y dejó muy buenas sensaciones, con un aire más que parecido a José Tomás, pero si ser un imitador, sino utilizando sus formas para dar pureza a su particular tauromaquia. Entró siempre en quites y dio siempre la cara. Cortó una oreja del tercero por una faena valiente y dispuesta y en el sexto, brindado a Morante, también lo intentó, pero el toro era un marmolillo y solo pudo dejar detalles, como el adorno del teléfono que hacía mucho tiempo que no veíamos en una plaza de toros.
Y Morante con su primero no se dio mucha coba, de hecho es que salió con la espada de verdad, y tras probarlo y ver que con éste tenía todo el pescado vendido se lo quitó de en medio. Ahora entendemos por qué, porque se reservó para la fantasía del cuarto.

FICHADEL FESTEJO
Jueves 16 de abril de 2026. Plaza de toros de la Real Maestranza de SEVILLA. 6º festejo de abono. Lleno de “No hay billletes” y calor de verano.
Seis toros de ÁLVARO NÚÑEZ de procedencia Núñez del Cuvillo: muy desiguales de presentación y justos de trapío. En líneas generales faltos de raza y de fuerza. 1º desrazado y blando; 2º con genio; 3º noble y justo de fuerza; 4º con clase y bondad; 5º descastado; 6º soso y falto de raza.
MORANTE DE LA PUEBLA (rioja y oro): estocada (silencio); pinchazo, estocada corta y dos descabellos (fuerte petición de oreja y dos vueltas al ruedo).
JUAN ORTEGA (oro viejo y oro): estocada baja (petición y saludos); estocada caída (silencio).
VÍCTOR HERNÁNDEZ (corinto y oro): estocada desprendida (aviso y oreja); buena estocada (silencio).
Cuadrillas:
Con las banderillas se desmonteró Marcos Prieto (6º) y fueron aplaudidos Fernando del Toro (1º) y Yelco Álvarez(3º). Y lidiando Marcos Prieto (3º).
Observaciones
Al final del festejo sacaron a Morante de la Puebla en hombros por la Puerta Principal porque por la Puerta del Príncipe no se lo permitieron al no haber cortado tres orejas.
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