Monseñor Saiz Meneses ha recordado que aquella coronación “no brotó de un entusiasmo pasajero, sino de una devoción secular, de cinco siglos de ininterrumpida, intensa y profunda devoción y entrega a la Santísima Virgen”. Acto seguido ha subrayado que “no estamos aquí para recordar un hecho bonito del pasado y nada más. Estamos aquí -ha añadido- para preguntarnos, con sinceridad cristiana, si aquella corona sigue resplandeciendo hoy en la vida de los hermanos, de las familias, de la Hermandad y de todo el pueblo”. La explicación es clara: “Una corona puesta sobre las sienes de María sólo tiene pleno sentido cuando hay corazones que se dejan reinar por Cristo y conducir por su Madre”.
Aludiendo a la advocación de la titular mariana, el arzobispo ha apuntado que “la Virgen en su Soledad nos enseña otra cosa. Nos enseña a permanecer, a estar junto a la cruz, a no huir cuando llegan la prueba, el silencio de Dios o la oscuridad. Nos enseña que la fidelidad vale más que el aplauso, y que el amor verdadero persevera”.
Seguidamente ha recordado que las hermandades están llamadas a ser “escuelas de vida cristiana”, y que “existen para evangelizar”. Consecuentemente, “no puede haber verdadera fe sin que dé frutos de caridad, ni un culto auténtico que no se traduzca en el amor al prójimo”.
En su homilía también ha aludido al acto con el que se ha cerrado la jornada: la bendición de la casa de hermandad y museo de la Hermandad de la Soledad: “No se bendice sólo un edificio; se bendice un espacio que ha de servir para algo santo. Si allí se crece en formación cristiana, en fraternidad sincera, en atención a los pobres, en amor a la Iglesia y en fidelidad a la propia vocación cofrade, entonces esa casa será verdaderamente casa de hermandad. Si allí se reza, se sirve y se forma el corazón, será una prolongación de esta capilla. Si allí se cayera en la mundanidad, en la división o en la superficialidad, se vaciaría de su verdadero sentido”, ha afirmado.
Dirigiéndose a los hermanos y devotos de la Virgen de la Soledad, el arzobispo ha subrayado que “María Santísima de los Dolores en su Soledad Coronada os señala el camino”. Un camino que pasa por “corazones humildes, almas limpias, hijos que honren a su Madre pareciéndose a ella”.
También ha tenido palabras de gratitud hacia los mayores, “los hermanos que os precedieron, por quienes entregaron su oro, su trabajo, sus desvelos y su amor para aquella coronación de 1996, cuya corona —como recordó la propia hermandad— resplandecía sobre todo por el amor con que fue ofrecida”.
Al término de la Eucaristía, el arzobispo ha bendecido la nueva sede de la hermandad, ha visitado sus instalaciones y ha departido con los numerosos fieles que se han dado cita en una mañana tan calurosa como festiva y cargada de gratitud hacia las juntas de gobierno que vienen trabajando desde hace treinta y dos años para que el día de hoy fuera posible.
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