Don José Ángel destacó que, en la peregrinación a la ermita, cobra “un sentido más intenso” la devoción a la Divina pastora de las Almas, porque “María no es solo figura de devoción singular, sino modelo de conversión, de cercanía compasiva, de cuidado del rebaño”. “Cantillana es tierra de María Pastora”, añadió antes de recordar que “en este Año Jubilar de la Esperanza, la romería quiere ser peregrinación interior, peregrinación del espíritu, tanto como exterior”. “En esta romería -apunto- renovemos el sueño de esperanza para Cantillana, para nuestra Archidiócesis, para cada familia”.
Romería como “punto de inflexión espiritual”
El arzobispo dejó dos compromisos concretos para los devotos pastoreños en su homilía. El primero, que “la romería no sea solo evento del que queda su correspondiente recuerdo, sino punto de inflexión espiritual”. Aludiendo a las lecturas del día, instó a “propiciar iniciativas eclesiales para favorecer a los más pobres, asegurar un mínimo digno para las familias, dar cauce a la cooperación social desde la fe”.
En segundo lugar, monseñor Saiz Meneses subrayó la necesidad de “vivir como comunidad creyente, no como agrupaciones cerradas”. Así, las hermandades, cofradías y grupos parroquiales deben “abrir sus puertas, caminar juntos con los más vulnerables, proponer la caridad organizada como dimensión constitutiva de la fe”. “No basta tener hermandades numerosas si el corazón está cerrado”, añadió. El arzobispo exhortó a los presentes a “acudir al sacramento de la reconciliación con sinceridad, para no permanecer con cargas que enturbian la comunión con Cristo”.
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