A hombros por la calle de Alcalá
Morante de la Puebla sale por la Puerta Grande con Las Ventas rendida a su arte
Cierto es que el 20 de octubre de 1996, actuando como novillero en el festival homenaje a José María Plaza, sí que atravesó tan ansiado umbral, pero este hecho no era para conformarse. Morante necesitaba, y los aficionados también, pegar el aldabonazo definitivo que le consagrara como uno de los toreros más importantes de toda la historia del toreo.
Y ha sido en la corrida de la Beneficencia, la más importante de la temporada, la que habitualmente preside el Rey y que este año hizo mutis por el foro, donde ha podido ser. La salida en hombros fue un auténtico acontecimiento. Impresionaba ver el ruedo venteño repleto de aficionados aclamando al torero que se ha convertido en el revolucionario del clasicismo con el arte más depurado de la actualidad.
Qué gozada para los sentidos y qué privilegiados de poder vivir en la época de Morante. Su toreo está a años luz del resto del escalafón. Y no es que el resto de coletas sean malos toreros o no interesen al aficionado, para nada, pero el toreo de Morante es diferente. Es naturalidad y dominio. Barroquismo y temple. Hondura y sutileza. Solera y personalidad. Incertidumbre y sugestión. Es, en definitiva, arte por sus cuatro costados. Y eso, en la actualidad donde predomina y triunfa lo accesorio frente a lo auténtico, y no solo en el toreo sino en casi todas las facetas de la vida, es un milagro que suceda.
Los más ingenuos voceaban a los cuatro vientos que con una estocada baja, como quedó la de su segundo toro, es un sacrilegio conceder esa segunda oreja que le pasaportaba a la gloria. Pero hasta esas discusiones le hacen diferente, encienden la polémica y le dan más pasión, si cabe, a su triunfo.
Morante es torero por la gracia de Dios, como ya narramos en su tarde maestrante el pasado 9 de mayo, y debemos ser conscientes de que esto es un lujo que no debemos desaprovechar, porque tardes como la vivida este domingo en Madrid no solo engrandecen las páginas de la historia del toreo, sino que son vitales para mantener la llama ardiente de la ilusión por vivir.
CRÓNICA DEL FESTEJO
Morante de la Puebla abrió la Puerta Grande en la tradicional Corrida de Beneficencia celebrada este domingo en Las Ventas. Oreja y oreja en dos faenas para la historia de Madrid. Oreja, también, para un buen Fernando Adrián en el segundo. Borja Jiménez sin suerte en el sorteo, lo intentó en un lote venido a menos y fue silenciado en sus labores. Se lidiaron toros de Juan Pedro Domecq en una nueva cita de ‘No hay billetes’ en los tendidos.
Morante de la Puebla ha hecho historia en una tarde cargada de torería, gusto, clasicismo, sello personal y un toreo único. Al primero lo recibió con jaleadas verónicas. Madrid estuvo con Morante desde el comienzo. Por ayudados por alto lo inició de muleta. Lo ligó con la diestra en dos series de auténtico ajuste y ceñimiento. Al natural, dejó muletazos de cartel. Una labor medida que sirvió para cortar una importante oreja tras enterrar el acero muy de verdad.
Fernando Adrián dejó lo mejor ante el segundo, al que cortó una oreja en una labor que caló en el tendido desde los inicios de muleta rodilla en tierra. Muy entregado el madrileño ligó series de mucho mando y poder. Al natural, también dejó buenos momentos. Un final por bernadinas y una buena estocada puso en su mano el trofeo. Con el quinto, otro buen toro de Juan Pedro, no terminó de llegar el acoplamiento.
Borja Jiménez lo intentó con capote y muleta ante un lote venido a menos y fue silenciado en sus labores.
FICHA DEL FESTEJO
Domingo 8 de junio de 2025. Plaza de Toros de Las Ventas de MADRID. Corrida de la Beneficencia. Lleno “No hay billetes” y calor de pleno verano.
Seis toros de JUAN PEDRO DOMECQ: desiguales de presentación y de buen juego en líneas generales, sobre todo 2º y 5º. Más deslucidos 3º y 6º.
MORANTE DE LA PUEBLA: oreja; oreja.
FERNANDO ADRIÁN: oreja; silencio.
BORJA JIMÉNEZ: silencio; silencio.
Observaciones:
Tras el paseíllo Morante de la Puebla recibió una ovación, con toda la plaza en pie, como reconocimiento a su gran faena del pasado 28 de mayo en la Corrida de la Prensa.
Al final del festejo Morante de la Puebla fue sacado en hombros por la Puerta Grande y llevado calle Alcalá arriba hasta la plaza de Manuel Becerra.
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